Sobre la crisis de Ucrania

No basta con odiar la guerra para impedirla, ni denunciar su preparación. (…) Debemos luchar contra sus causas profundas, y derribar los regímenes que la engendran. Es decir, todos los regímenes basados en la explotación del hombre por el hombre y que llevan a la civilización a su destrucción.

Unión Obrera Internacional, 1951.

La maquinaria militarista está en marcha. Tanto la maquinaria bélica como la propagandística llevan en marcha desde hace semanas para justificar la nueva escalada bélica que en las próximas semanas de paso a un posible horizonte de enfrentamiento militar entre la OTAN (o una parte de esta) y Rusia, en un enfrentamiento abierto por la influencia del Este de Europa y particularmente de Ucrania. Las posiciones sobre el posible enfrentamiento en Ucrania se han venido argumentando en la última semana. La nuestra sigue siendo la posición del internacionalismo proletario que lucha contra la guerra de unas clases dominantes que nos lanzan a los a los trabajadores y a la juventud a la masacre, el hambre, la miseria y todos los efectos de una guerra que cada día se hace más presente como posibilidad venidera y que nos afecte a todos. ¿Pero cómo se ha llegado a la situación actual y cómo han contribuido las potencias enfrentadas en esta escalada de enfrentamiento.

Contexto local e internacional de las tensiones imperialistas

En marzo y abril del año pasado vimos como Rusia realizaba su mayor despliegue de fuerzas en la frontera ruso-ucraniana desde la anexión de Crimea. A pesar de este movimiento la crisis concluyó con una retirada parcial de los efectivos en junio hasta diciembre, fechas en las que da comienzo la fase actual de la escalada. Tras la crisis encontramos el fin del tratado de sobre misiles nucleares de medio alcance (INF) y la presión rusa para evitar un posible ingreso ucraniano a la OTAN. Estos dos puntos preocupan especialmente a Rusia, quien sabe que pondría en compromiso su capacidad de proyección imperialista. Ya en enero, con la amenaza estadounidense de aumentar la presencia de misiles en la región, se celebran las primeras reuniones entre EEUU y Rusia (que dejan descaradamente de lado a la UE, en una situación particularmente delicada para sus intereses). En ellas la clase dirigente rusa deja claro que la invasión es un escenario muy improbable y fuera de sus intenciones y EEUU por su parte abandona la pretensión de instalar misiles en Ucrania alegando que en ningún momento estuvo entre sus planes.

No obstante, días después, vemos como la tensión continúa creciendo y ninguno de los actores parece hacer nada por relajar la escalada.

Mientras, en la UE, vemos (como de costumbre) posicionamientos contradictorios y una total falta de protagonismo, nueva señal de los problemas que la burguesía europea, principalmente la franco-alemana, tiene para afirmarse como bloque imperialista autónomo. Por un lado, la burguesía alemana protesta titubeante contra Rusia amenazando con impedir permanentemente la entrada en funcionamiento del NordStream 2. Sin embargo, voces desde el SPD contradicen estas intenciones… al fin y al cabo el gas es extremadamente necesario para el capital alemán si no quiere quedar atrás en el Pacto Verde. Francia, por su parte, vuelve a dar prueba de su poca influencia en la toma de decisiones por parte del imperialismo estadounidense (algo que ya se dejó ridículamente claro desde el AUKUS). En los últimos días hasta llegamos a ver el envío de la fragata Blas de Lezo al Mar Negro en un intento por marcarse puntos con la OTAN que le puedan servir más adelante en sus propias disputas con Marruecos… no obstante, el gesto ha sido recibido con gran desprecio por parte de Biden, quien ni siquiera se ha molestado en incluir a España en la última reunión que ha tenido con los presidentes europeos.

Pero, ¿entonces es posible que la crisis desemboque finalmente en un enfrentamiento militar?

Todo apunta a que la invasión es una posibilidad muy lejana. No solo es muy dudoso que Rusia realmente tenga capacidad para invadir territorio ucraniano de forma efectiva, si no que lo es más aún que fuese estratégicamente beneficioso para los intereses imperialistas rusos. Sin embargo, las últimas noticias que indican que EEUU está pasando revista ya a sus unidades para realizar un fuerte despliegue en Europa del este muestran que es posible que la escalada continúe y que el riesgo de que estalle el conflicto en el Donbass es cada vez mayor. Al fin y al cabo ninguno de los bandos quiere ser el primero en ceder, si bien las negociaciones continúan, aunque se hagan desde posiciones tensionadas.

Detrás de la fuerte postura de los EEUU se encuentran los intereses del gobierno de Biden en la interna. Ante el riesgo de una mayoría republicana en congreso y senado tras las elecciones de medio término en 2022 los demócratas usan la crisis para exhibir el liderazgo fuerte que cuestionan hasta ciertos sectores del propio partido. Por otro lado, los países bálticos también suben su tono contra Rusia. Para ellos la estrategia a seguir es exactamente la contraria que para Alemania: tensionar al máximo la escalada y alejar todo lo que se pueda a la UE de la dependencia de Rusia. En el resto de países europeos hemos visto también contradicciones entre las estrategias seguidas, que van desde el desinterés por el conflicto y la adhesión a EEUU como en el caso español hasta la prudencia extrema de la burguesía alemana que no puede permitirse ponerse a Rusia en contra.

Es decir, en realidad asistimos a una guerra fantasma que, si bien difícilmente desembocará en un enfrentamiento militar abierto, ya está saldándose con un aumento de las tensiones que no se limita a la frontera entre Rusia y Ucrania (por medio del anuncio de ejercicios militares) y que por supuesto es un indicio de la tendencia permanente a la guerra del capitalismo decadente.

La clase trabajadora, víctima del imperialismo

Como en todos los conflictos generados por las tensiones imperialistas, la primera parte ignorada y masacrada es la clase trabajadora, que ya se encuentre de un lado o de otro de determinada frontera nacional, será la víctima del posible enfrentamiento, siendo ya víctima de unas clases explotadoras, la ucraniana y la rusa, que tienen en común la destrucción de las condiciones de vida de la población trabajadora.

En ambas partes de la frontera los trabajadores han sido víctimas de unos magnates y Estados que han pretendido estrujar hasta el máximo a unos obreros amenazados bajo condiciones militaristas. Las huelgas de abril del año pasado en la minería del Donbass fue un claro ejemplo de lo que supone autodeterminación, patria y defensa nacional para unos mineros que exigían unas condiciones de trabajo mínimamente humanas. La respuesta a las huelgas fueron las amenazas y la violencia de unas empresas vinculadas al capital ruso, que no podían permitir protesta alguna en el proceso de saqueo económico que están ejerciendo en la zona.

Desde diciembre de 2020 y en los meses siguientes, las huelgas y movilizaciones obreras del lado ucraniano también crecieron ante unas circunstancias internacionales de empeoramiento de las condiciones de vida de la clase trabajadora debido a los efectos económicos producto de la pandemia. Del mismo modo, las condiciones de vida de los trabajadores rusos se ha visto resentida en los últimos años.

Vemos así que las tensiones funcionan como un elemento disciplinador de los trabajadores de Ucrania y Rusia en un discurso que nos recuerda que hay que sacrificarse por la Patria y por tanto por unas clases dominantes que se benefician de la explotación de una clase trabajadora reprimida y sometida a la ideología de la muerte que supone el nacionalismo.

La posición del internacionalismo

Si algo se ha evidenciado en los últimos años es que la verdadera barrera de freno ante las ansias belicistas de los Estados es la clase trabajadora, que ante el discurso del sacrificio por el interés nacional impone la necesaria lucha por los intereses de los trabajadores, que no son otros que la satisfacción de las necesidades universales de la Humanidad. Esta es la base material sobre la que el internacionalismo se plantea como una realidad.

Reconociendo esta realidad, desde una posición internacionalista es incomprensible justificar la masacre y la miseria de la clase trabajadora, producto del enfrentamiento imperialista, cuando la realidad histórica en la que vivimos es la de un capitalismo internacional en el que las potencias y los bloques capitalistas están en constante enfrentamiento con el fin de mantener unos mercados y una influencia sobre estos, posibilitando la reproducción del capital. Nuevamente se demuestra como los intereses del capital son totalmente opuestos a los intereses de la clase trabajadora. Un sistema reaccionario y opuesto a la Humanidad contra el que debemos oponer la lucha por la emancipación social.

No solo le corresponde a los trabajadores ucranianos y rusos oponerse a ser las víctimas del enfrentamiento capitalista, sino que cada día es más urgente que los trabajadores en todo el mundo nos organicemos y luchemos contra la guerra imperialista, para lo cual debemos hacer del capitalismo y todas sus miserias una reliquia del pasado.