Los problemas de la juventud

Esta semana se publicaba un barómetro con los resultados de una encuesta a jóvenes de entre 15 y 29 años. Los resultados vienen a evidenciar los graves problemas en cuanto a la salud mental y el ánimo de miles de jóvenes. De la misma manera, los datos del paro vienen a exponer las altas cuotas de desempleo entre los trabajadores jóvenes, si bien el Gobierno ha querido vender de exitosa una supuesta recuperación del empleo y de las condiciones de trabajo. La realidad es la del empeoramiento de las condiciones de trabajo y de vida de una forma generalizada y de forma especial entre los jóvenes, con una clara repercusión en la salud mental de estos.

¿Cuáles son las causas de nuestros problemas?

Según el barómetro, sólo el 54% de los encuestados dicen estar en unas buenas condiciones de salud mental. Ese mismo porcentaje es el de los jóvenes que dicen haber tenido problemas de salud mental, de los cuales el 35,4% asegura haber tenido ideas suicidas al menos una vez en el último año. Las razones principales que el mismo barómetro señala según los jóvenes encuestados son las condiciones de trabajo con las que nos encontramos. Unas condiciones de precariedad laboral, paro y sueldos miserables. Esta es la situación del día a día de miles de jóvenes trabajadores, inmersos en una sociedad en la que la clase trabajadora ve empeorar sus condiciones de trabajo en un contexto de creciente inflación y agudización de problemas sociales, como el precio de la vivienda. Es obvio que todo ello conlleva un claro empeoramiento de la salud mental de una juventud trabajadora cuyo horizonte es el de la destrucción de las bases de un trabajo, parte fundamental del desarrollo humano, sometido bajo una organización destructiva y en beneficio de unas clases dominante.

Del mismo modo, la crisis cultural, reflejo de la decadencia del sistema productivo actual, nos vienen a confirmar la falta de una perspectiva de futuro para la cultura. El sometimiento de esta a mero producto de consumir y tirar, al igual que la ideologización que nos viene a normalizar unas relaciones antihumanas, plantean un panorama crítico en cuanto a la necesidad cultural de la sociedad.

Para el Gobierno son cosas chulísimas

Para el Gobierno PSOE-UP, los últimos datos del paro demuestran los éxitos de un Gabinete social. La realidad es la de un paro juvenil cerca de los 200.000 personas y una mayor contratación en base a contratos fijos-discontinuos y fijos, que vienen a poner en la estadística una estabilidad laboral que no corresponde a una realidad de unos trabajos precarios y de despido barato, como se mantuvo en la reforma laboral de Yolanda Díaz. No podemos esperar nada diferente de un Gobierno que entre mentiras y medias verdades dice defender el bienestar de los trabajadores cuando la realidad es todo lo contrario. Un ejemplo de esto fue la supuesta ayuda a los jóvenes trabajadores para el alquiler, que aparte de ser insuficiente ante un contexto de inflación en los precios de la vivienda ni siquiera ha sido convocada, por lo que ha quedado en anuncio y foto de los Ministros de turno.

El Gobierno se encuentra ante próximas citas electorales en las que defender sus políticas como un éxito. Las encuestas de las elecciones andaluzas parecen indicar que los partidos del Gobierno no tendrán gran éxito en su argumentario, precisamente en la Comunidad Autónoma que sigue liderando las cifras del paro, también del juvenil.

Pero no hay recambio político parlamentario que venga a hacerlo mejor que a los que sustituye, mucho menos aquellos partidos como el PP que en los territorios en los que gobierna a ahondado en la políticas de los recortes y empobrecimiento de las condiciones de trabajo. Los partidos de las clases explotadoras están ahí para la gestión de la maquinaria estatal que representa sus intereses y que con momentos como los actuales se demuestra que son intereses contrarios a nuestro bienestar como trabajadores.

¿Qué salida le queda a la juventud trabajadora?

El problema de los jóvenes trabajadores en cuanto a salud mental no es una cuestión de bajos ánimos producto de los confinamientos de la pandemia. Estos contribuyeron al aislamiento y agudizar unas relaciones humanas ya degradadas de antes. Y es que la peligrosa mezcla de precariedad y cultura individualista nos lleva a un panorama desolador que ya parece ir confirmándose. La solución a esta situación solo puede venir acompañada de una profunda transformación social.

No estamos hablando de cambios de caras ni de siglas en la política institucional. Estamos hablando de un proceso de transformación social en el que los trabajadores protagonicemos la defensa de nuestros intereses materiales, políticos y culturales. Es en esa perspectiva en la que los jóvenes debemos ser pioneros en la participación en nuestros barrios, trabajos y centros de estudio, planteando espacios colectivistas y autónomos desde los que organizar una respuesta alternativa a nuestras necesidades diarias.